Pbro. Rodolfo Carboni

Cada tiempo de la historia presenta sus propios desafíos, y en cada uno surgen,
como respuesta a los mismos, hombres de fe con características determinadas.
En este año sacerdotal, homenajeamos a este sacerdote elegido de Dios
que supo responder a su vocación y a las necesidades de su pueblo.
El mismo Don Orione, un contemporáneo, lo ha descripto como "un Padre de fuego" ;
hoy celebramos su fe excepcional, vigorosa, luminosa, interpelante.

 

INTRODUCCIÓN

El pbro. Rodolfo Carboni nace el 17 de noviembre de 1896 en Entre Ríos, en el seno de una familia numerosa. El traslado del padre, propio del trabajo en el ferrocarril, trae a todos a Buenos Aires. Cursa sus estudios secundarios en el Colegio Nacional,  inscribiéndose después en la Universidad Católica y en la estatal de la Capital, para seguir la carrera de Derecho.

Invitado por otro joven se acerca a la Parroquia de la Inmaculada Concepción, de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Allí recibe a sus 17 años la Primera Comunión, hecho que recordará siempre por la fuerza que infundió en su corazón. Desde 1918 a 1920 actúa en el Movimiento Demócrata Cristiano y en la Conferencia Vicentina de Jóvenes de dicha parroquia. La situación de la iglesia de esos años se comprende en medio de un contexto anticlerical que despertó ya en la juventud de Rodolfo a un defensor público de la Iglesia.

Durante sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho, siente el llamado de Dios y en 1920 ingresa al Seminario Metropolitano, donde es ordenado sacerdote el 11 de octubre de 1925. Luego es enviado a Roma, donde obtiene un doctorado en Derecho Canónico. A su regreso, desempeña su ministerio sacerdotal en diversas Parroquias.

Las comunidades de las Parroquias de San Vicente (Mataderos), Sagrada Familia (Saavedra), San Lorenzo y la Basílica Santa Rosa de Lima, fueron testigos de su pluralidad dimensional y coherencia: en el altar y la calle,  el púlpito y la esquina; el Sagrario y la plaza.

Su vida cristiana primero y sacerdotal después, es pasión, ardor y combate. Siempre fue un hombre de una sola idea, pastoral y profético.

 

SU VOCACIÓN PARROQUIAL, SACERDOTAL

La parroquia fue para Carboni su casa: desde allí meditaba, rezaba, pensaba, programaba y planificaba. Él la concibió como una casa abierta, un espacio donde todos encuentran un lugar, y son escuchados. Su corazón de Pastor sabía que una parroquia tiene mucho de "hogar", un hogar donde encontrarse, donde la vida se desarrolla y crece a la luz de la fe. Pero no se limita a permanecer en ella, sale permanentemente a atender las necesidades de sus hijos, como faceta que refleja su completa actitud de servicio. "El servicio fue una actitud grabada a fuego en lo hondo de su corazón, un vínculo hecho realidad en cada acción, en estrecha relación con las familias de los conventillos y su preocupación por toda la feligresía. Sus continuas  visitas apostólicas, junto a laicos y las hermanas, donde va descubriendo modos pastorales, acciones y necesidades en beneficio de su comunidad... A todos siente como suyos  y de todos quiere ocuparse". Varón de Fuego - Hna. Graciela A. Laino

Es preciso señalar, que el ministerio en la dirección espiritual fue uno de los más exigidos; dirigía en la vida espiritual a religiosas de diversas congregaciones, a muchos sacerdotes, algunos Obispos, religiosos y seglares, tarea que le absorbía mucho tiempo de su acción pastoral. Entre los sacerdotes a quienes formó se encuentran figuras de relevancia espiritual como Mons. Vicente Zazpe.

Don Orione le encomendó el confesionario de sus novicios, tarea que cumplió el p. Carboni con marcada vocación sacerdotal. En cierta oportunidad Don Orione, expresó "Ver a Carboni es ver el Evangelio predicado con el ejemplo de su propia vida".

 

FORMADOR DE LAICOS

Fue un gran formador de laicos y en particular de los jóvenes, manifestaba una gran confianza, respetando sus modos y sus ritmos personales. Enseñaba discretamente, estimulando en la acción.

Un grupo de laicos, recordándolo, dijeron de él "Tenia una fe arrolladora...una profunda piedad en toda su vida, sus gestos profundamente religiosos, daban solemnidad a las ceremonias religiosas...tenia una confianza ciega en la Providencia, amaba a Don Orione...celoso de "sus almas" él mismo nos formaba en el Centro de Acción Católica de Jóvenes... con los pobres, tenia una atención especial... La Casa social... el campito, como  afectuosamente lo llamamos, era de su gente y para su gente.... Su predicación lo llevaba a tener una mirada, sobre toda la situación social de su tiempo."

 

SU ACTUACIÓN PÚBLICA

La jerarquía lo designa
Asesor de la Federación de Círculos Católicos de Obreros en 1933, desempeñándose en este cargo hasta su muerte, durante veintisiete años. Al principio su actuación se limitó a las reuniones de los directivos, pero no pudiendo con su genio, encontró la manera de tener una participación activa en la orientación de las Vanguardias Obreras Católicas, la rama joven de los Círculos. Un rasgo característico de su doctrina fueron sus salidas callejeras, donde predicaba el evangelio con tal pasión y convicción que llamaba mucho la atención de los fieles.

 

Fue el fundador de varias publicaciones: "Sursum", "El Buen Amigo", "El Renovador". Su pluma permitió asomarse a un alma ardiente y sacerdotal. "En cada una de ellas reflejaba la situación conflictiva de la época y la Doctrina social de la Iglesia, este aspecto de su actuación, revela las dimensiones de su personalidad humana y sacerdotal", recuerda la Hna. Graciela A. Laino en su libro "Varón de Fuego".

 

FUNDACIÓN DE UNA CONGREGACIÓN DE RELIGIOSAS

A raíz de una gran inundación que sucede, mientras se encontraba en la Parroquia del barrio de Saavedra, se produce una situación dificilísima de caridad, atención y servicio. En aquel momento, las religiosas, por atención a sus reglas, no podían responder a los cuidados que requería la población. Entonces, allí resuelve y decide la creación de una Congregación que se dedique de tiempo completo a la vida parroquial.

En la Parroquia de San Lorenzo, se produce el primer encuentro con Lucia Gil Elizalde, junto a quien logra cumplir el sueño fundando, en 1933, la Congregación de las Hermanas Auxiliares Parroquiales de Santa María. Poseen un carisma estrechamente vinculado a la parroquia y al ministerio sacerdotal, sin obras propias. Sus obras son las de la Iglesia misma.

En su lecho de muerte el Padre tiene conocimiento del Decreto de Aprobación de la Congregación dado por S.S. Juan XXIII. Su primer pensamiento es dar gracias a Dios y al día siguiente, 22 de junio de 1960, con gran esfuerzo se levanta y celebra una misa en la Capilla del Sanatorio San José, donde, como Asesor de los Círculos Católicos de Obreros, era atendido. Allí mismo el 23 de junio celebra su última misa, recordando el décimo noveno aniversario de la muerte de Lucía.

Actualmente las Hermanas Auxiliares Parroquiales continúan su obra parroquial, realizando una labor incansable en la que su vida contemplativa fructifica en ayuda al prójimo, demostrando que cuando la obra tiene buenos cimientos perdura en el tiempo.

 

SUS DÍAS FINALES

El P. Carboni asiste por última vez a las reuniones de la Junta de Gobierno de la Federación de Círculos Católicos de Obreros el 12 de abril de 1960 debido a la enfermedad que lo llevará a su muerte poco tiempo después, el 26 de julio, en el Sanatorio San José.

A quien por amor no conoció el cansancio, pero desgastado, a su vez, por amor a su Iglesia, a los hombres y a Cristo, Sumo Sacerdote, es  llevado por Él a su morada eterna, mientras era Párroco de la Basílica de Santa Rosa de Lima, donde lo sirvió sus últimos 23 años; allí descansan sus restos.

 

ALGUNAS FOTOS DE LA EXPOSICIÓN QUE SE REALIZÓ EN SU HOMENAJE,

EN EL CENTRO CULTURAL P. FEDERICO GROTE