Padre Federico Grote

1ra. Parte

 

"Escuche la voz de Dios y ya nada fue capaz de detenerme"

El p. Grote al pronunicarse la Encíclica Rerum Novarum de León XIII



Sus orígenes y formación

Federico Grote nació en Münster, capital de Westfalia, Alemania, el 16 de julio de 1853, Día de la Virgen del Carmen.
Hijo de José Grote, tipógrafo y dueño de una imprenta y Elisabeth Herbst, ama de casa, tuvo dos hermanos: Francisca y José. Fue bautizado en la parroquia de San Mauricio, tres días después de su nacimiento, y en esta ciudad vivió toda su infancia.

Sus padres eran profundamente piadosos, fe robustecida por la tradicional espiritualidad reinante en Münster.

"...mi padre era propietario y director de una modesta imprenta y de una no menos modesta librería. Durante mis primeros años, muchas veces hube de andar a gatas por entre pilas de papel y libros, y divirtiendo con mis monerías a los tranquilos operarios...Mi padre era querido y respetado en nuestro viejo barrio de San Mauricio, y ejercía poderoso ascendiente sobre sus operarios y subordinados.

"...durante toda mi vida, el olor a tinta fresca de imprimir y a papel recién impreso, el traqueteo de una prensa en marcha o el ambiente característico que se respira y olfatea en una librería, han obrado como conjuros que han despertado en mí el recuerdo de mi padre y de mi hogar natal."

Vivieron plácidamente hasta que la temprana muerte de su padre irrumpió como una tempestad. "El invierno que siguió a la muerte de mi padre fue el más frío y melancólico que recuerdo. Mi madre devoró a solas su desolación, y su ternura para con los tres hijitos se acrecentó, tratando de suplir la del ausente.

"Sentí nacer en mí un nuevo sentido: el de la responsabilidad... El deseo de ser útil a mi madre me impulsó al trabajo."

A la edad de 12 años realiza su Primera Comunión "...sabía bien lo que hacía. Para entonces era yo casi un teólogo en miniatura. Aquel día primaveral, radiante de luz y sonoro con los aleluyas de la pascua florida, fui del todo feliz."
Cursó sus estudios secundarios en uno de los más prestigiosos establecimientos de Alemania: el  Gymnasium Paulinum. En 1866 se inicia la guerra entre Prusia y Austria, y éste fue el marco de una de los hechos más importantes de su vida. Dada la falta de cuarteles suficientes para las tropas, las autoridades militares disponen que cada familia aloje a un soldado. De esta manera conoce a Enrique Kamp y a su amigo Antonio Stockhausen. Antonio se había visto obligado a abandonar el noviciado de los redentoristas para obedecer la orden que lo convocaba a la filas del ejercito.

Este hombre fue clave en la vocación de Grote, por su conducta edificante que le inspiraba afecto y veneración, y fundamentalmente, por su testimonio de amor a la vida consagrada. "Nos hablaba con entusiasmo de San Alfonso...del admirable espíritu religioso que reinaba en la congregación ligoriana...era tan íntima e intensa la dicha que nos revelaba haber experimentado en su vida sencilla y humilde, que tanto a Enrique como a mí nos encendió en deseos de seguir la senda que a él le había conducido al remanso de felicidad que con tanto entusiasmo describía.

Me aconsejó Antonio que sólo al término del bachillerato solicitara mi ingreso en la Congregación como aspirante al sacerdocio."
En 1870 ingresa al noviciado de la Provincia de la Baja Alemania de la Congregación del Santísimo Redentor, ubicado en Tréveris. "Cuando mis recuerdos toman la dirección de aquel 12 de octubre de 1870, en que por seguir la vocación divina, abandoné mi casa, surge en mi memoria la escena evangélica: 'lo hemos dejado todo por seguirte'...lo que para mí valía más que todo: aquellos tres seres que eran mi mismo corazón, fundidas nuestras almas en el hogar probado y victorioso. Mi madre había aprendido mucho de la dura escuela de la experiencia, y en los últimos meses había visto a demasiadas madres llorar la partida de sus hijos camino del campo de batalla. 'Hijo mío -me decía-, a los otros se los lleva el Rey a la guerra de Francia, y acaso a la muerte. A ti te lleva Dios a la paz de su casa y a la vida verdadera.' Era una santa mujer que lo veía todo con los ojos de la  fe y el amor. Y era por amor que no pensaba en sí misma, sino en la felicidad del hijo que se le iba... Todo el transcurso del noviciado fue para mí un año de cielo. Aquel año aprendí a construir el cimiento de todo lo que he vivido hasta hoy."A los 18 años cursa sus estudios superiores en María-Hamicolt, en la Baja Alemania, a 20 Km. de Münster. Durante este período, el canciller Otto von Bismarck emprendió una importante reforma militar para llevar a cabo sus planes de unificación. Durante los diecinueve años que se mantuvo en el poder, el Canciller de Hierro llevó a cabo una política conservadora, enfrentándose inicialmente a los católicos y combatiendo a la socialdemocracia.


Destierro y Ordenación Sacerdotal


El 15 de septiembre de 1873 parten expulsados, en una acción dictatorial del canciller Bismark hacia la casa religiosa que ya estaba dispuesta en Luxemburgo, donde se ordena sacerdote el 8 de junio de 1878. "Cuando después de recibir la unción sacerdotal oí cantar el himno 'Tu es sacerdos in aeternum' -eres sacerdote para toda la eternidad- mis ojos se llenaron de lágrimas. Comprendí mi grandeza y mi responsabilidad. Tenía 25 años. Sabía perfectamente que el sacerdocio posee la grandeza abrumadora del poder más inaudito y de la cruz más pesada..." Grote comparte ese momento con su madre y sus hermanos: esta fue la despedida final. Pocos meses después su madre fallece sin poder volver a verla, dada la imposibilidad política de regresar a su país. Por este tiempo, su hermana Francisca es admitida en la Congregación de las Hermanas del Buen Pastor.

Grote admiraba y tomaba como modelo la figura de monseñor Ketteler, también originario de Münster, particularmente cuando proclamaba los grandes principios de la libertad, la justicia y la caridad. Según Grote, aprendió de él que el trabajo del sacerdote a favor de las conquistas económicas para los trabajadores, no es sino una cuestión subsidiaria del problema esencial, salvar las almas.

Después del segundo noviciado de seis meses, propio de los redentoristas, le comunicaron su primer destino: Ecuador. A fines de octubre de 1879 viaja a París, Francia, desde donde emprende su viaje a América.

"Estábamos dispuestos a ir a cualquier parte del mundo adonde nos destinara la obediencia. Cuando oí pronunciar el nombre del Ecuador como país de residencia para mí, me asusté un poco. Pero me rehice al punto. A la primera irreprimible y momentánea sensación de susto del sajón que vive en mis venas, se sobrepuso inmediatamente el amor. Desde aquel mismo día amo al Ecuador. Hoy lo amo con la ternura con que se ama el país en que uno ha visto cumplidas las primeras ilusiones de la juventud  y ha regado los primeros afanes fecundos de la vida".

 
Su llegada a América

Llegado a Guayaquil, Ecuador con sus compañeros de viaje, Grote fue destinado a Cuenca, al viejo convento de San Agustín, donde permaneció durante cuatro años y medio. Al llegar, su ocupación más absorbente consistió en el estudio del idioma castellano y de la lengua de los incas, el quechua, que llegó a dominar por completo.
A cinco leguas de Cuenca estaba situada la hacienda de Tarqui, propiedad de la comunidad redentorista. La población estaba conformada por indios y viejos criollos, dedicados al cultivo de tierras. En su primer misión en ella, Grote ayuda en tareas de confesionario y es testigo de los frutos logrados por la predicación en quichua: desde hacía casi un siglo los indios no habían oído predicar en su propio idioma; por eso acudían muchísimos, a veces hasta tres o cuatro mil, desde largas distancias atraídos por la novedad.

En Cuenca, sus ocupaciones se repartieron entre la docencia del centro de estudios superiores, el oficio de prefecto encargado de culto de la iglesia, y el de confesor ordinario de las religiosas de la Congregación de los Sagrados Corazones y de la comunidad de Hijas de la Caridad que administraban el Hospital.En marzo de 1882 estalló una guerra civil que se prolongó hasta julio del año siguiente, pero que no afectó la congregación. Las únicas consecuencias fueron las interrupciones de las campañas apostólicas misioneras.A mediados de 1884, Grote recibe la orden de abandonar el Ecuador y dirigirse a la Argentina, donde el año anterior habían llegado algunos sacerdotes redentoristas para establecerse.

 

Su llegada a la Argentina

Grote inicia el viaje que lo trae a la Argentina desde Ecuador en vapor, y al llegar a Perú continúa la marcha en lomo de mula, atravesando desfiladeros y abismos imponentes, recorriendo desiertos y lagos. En Salta toma el tren que lo trae a Buenos Aires, llegando al convento de las Victorias el 20 de agosto de 1884 por la noche. Tenía 31 años.

..."después de atravesar en tren las provincias argentinas desde los límites de Salta y Tucumán, llegaba a Buenos Aires y llamaba a las puertas del convento de las Victorias, cuyo nombre resonaba entonces en mis oídos con eco gratísimo que parecía responder al clamor de mis esperanzas".

"Luché por incorporarme decididamente a la vida, a los usos y al ambiente de mi nueva patria. Bregué cuanto pude por lograr que en la comunidad no se hablara otra lengua que la castellana. Hasta mayo del 85 mis ocupaciones principales, fuera del estudio y la oración, se redujeron a la práctica de la observancia regular y en la precaria morada que habitábamos, a la dirección espiritual de la Cofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y a las frecuentes visitas al Hotel de inmigrantes, barracones que servían de refugio a los centenares de recién llegados de Europa, mientras hallaban medio de establecerse en la ciudad o el campo". 

"A predicar misiones populares habíamos venido al Plata los misioneros redentoristas. Hasta 1894 el trabajo de las misiones fue la tarea más absorbente. A ella viví consagrado con el mayor entusiasmo. En mi memoria se entrelazan las provincias argentinas, tal como se trenzaban mis viajes al azar de las peticiones de los párrocos y prelados. Los frutos espirituales recogidos eran sumamente consoladores. Abundaban las conversiones sinceras. Sin jactancia podemos decir los redentoristas que nuestras continuas giras misionales, ininterrumpidas durante decenios, han contribuido decididamente a conservar y aquilatar el espíritu religioso de las provincias del norte."

 

Resumen y extractos del libro "Vida del Padre Grote",

del R. P. Alfredo Sánchez Gamarra