Padre Federico Grote (2da parte)

Su principal obra: los Círculos Católicos de Obreros

A fines del siglo XIX no existía en Argentina una organización católica que estuviera en contacto con la clase obrera. Eran épocas en que los empresarios no escuchaban los reclamos de los trabajadores y acudían a la represión policial para acallarlos.

El 15 de mayo de 1891, el papa León XIII promulga la encíclica referida a la cuestión social Rerum Novarum. Este documento no pasó inadvertido, principalmente para Grote, quien al conocerla manifiesta: "En ella escuché la voz de Dios y ya nada fue capaz de detenerme".

Ocho meses después de su publicación, el 2 de febrero de 1892, funda el primer Círculo, llamado Central, porque el mismo serviría de modelo para los que se fueran formando. Su objetivo fundacional fue "promover y defender el bienestar material y espiritual de la clase trabajadora, de acuerdo con las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia."

Grote entendía que las grandes masas de trabajadores requerían otro modo para su evangelización: había que tomar contacto, acercarlas, servirlas, otorgarles formación y defenderlas, para luego ir a la labor de su promoción personal y social.

Para esto se propuso crear una entidad de puertas abiertas que reuniera obreros de distintas profesiones, edades y orígenes, para realizar una tarea social, moral y religiosa. Grote propugnaba la colaboración y concordia entre las clases. Desde los Círculos se alentó la formación de sindicatos, que bregaban por sus conquistas laborales. Entre otras cosas, y a fin de cumplir su objetivo, se aplicó el socorro mutuo, la prestación de asistencia médica, provisión de medicamentos, subsidios y seguros por fallecimiento.

Sus dirigentes elevaron iniciativas y petitorios a favor de una legislación social, promoviendo la aprobación de muchas leyes. Pero todos los esfuerzos para promover el bienestar de los trabajadores, toda la acción social a favor de ellos no era el fin último: sino ganar almas para Dios.

Durante años evitó que al nombre de los Círculos se le agregara la palabra "católicos", porque su intención era crear una entidad de puertas abiertas, de diálogo, que no excluyera a nadie.

Veinte años después de fundados, los círculos eran setenta, con 23.000 socios, 21 edificios propios y un capital de 1.000.000 de pesos.

La realidad necesitaba ser transformada, y Grote se convirtió en un realizador. Su obra fue una de las experiencias más importantes de la historia de la evangelización argentina.

 

Peregrinaciones a Luján

Grote tenía dos grandes amores: la Iglesia y los obreros. Fue el primero en realizar peregrinaciones al Santuario de la Santísima Virgen de Luján, que en su primera realización, el 29 de octubre de 1893 logró ser acompañado por 400 hombres. Acompañaban a los peregrinos la banda de música de la escuela del Círculo Central y numerosas banderas argentinas. Allí prometieron concurrir todos los años a pedir su protección para la obra. Esta peregrinación se ha realizado ininterrumpidamente hasta nuestros días. Tres años después, los peregrinos sumaban 3.000.

Dentro de las diversas actividades religiosas promovidas por los Círculos de Obreros, cabe señalar como de gran importancia por el número de fieles que congrega, la peregrinación a Luján.

"Ese fue el día decisivo en la vida de los Círculos. Juramos mantenernos firmes en nuestro propósito de redención de los humildes e hicimos voto de concurrir todos los años en masa ante su imagen para que ella mantuviera intacta nuestra energía perseverante".

Extracto del libro Vida del Padre Grote,

del R. P. Alfredo Sánchez Gamarra

 

Su alejamiento como Director Espiritual de los Círculos

Mientras Grote avanza con la obra, viajando por todo el país, recorriendo los círculos y animando a sus miembros a trabajar por esos ideales, se va gestando un movimiento en su contra. 

En agosto de 1912 se produce su alejamiento, presionado por la Curia Metropolitana, luego de una serie de desacuerdos y malentendidos por las actividades de acción social  que desarrollaba Grote. Hasta se le sugiere ir a fundar Círculos al Perú, y si es posible que no regresara.

Grote asumió con entereza la incomprensión de su tarea y con gran obediencia presenta su renuncia indeclinable. El 25 del mismo mes se traslada a Montevideo a bordo del buque Venus, en busca de paz, y es despedido en la dársena por miembros de los Círculos que concurren a las diez de la noche a despedirlo. 

Con extremo dolor pero confiando y aceptando la voluntad de Dios, el padre Grote se aleja definitivamente de la conducción de los Círculos.

 

Diario El Pueblo

La visión de Grote lo llevó sin duda a preveer la relevancia que tenían los medios de comunicación. Este hecho, y sin duda la influencia que había tenido en su vida el oficio de su padre, lo hicieron promotor de muchos periódicos.

Hacia fines del siglo XIX, faltaba la presencia de un diario nacional inspirado en los principios cristianos, "un diario católico que no oliera a papel de envolver a velas, un diario que expusiera la información con criterio católico".

El Pueblo, que busca ser la expresión de este deseo, se funda el 1º de abril de 1900, gracias a la labor tesonera del Padre Grote, y se constituye en el diario católico de circulación nacional de más larga trayectoria. Se define desde el comienzo como tal, porque enfoca los temas periodísticos a la luz del Magisterio de la Iglesia. La prensa lo reconoce como el "guía y portavoz" de los católicos, aunque esto no significa que sea el órgano oficial de la Iglesia.

El nombre del periódico responde al interés por promover el verdadero bien del pueblo, ya que su objetivo está relacionado con el bien de todos, es decir con el mejoramiento de la sociedad y la promoción de la persona humana. También es relevante el papel que el diario le otorga a la educación, a la que hace especial referencia y advierte que el asunto es inagotable y apremiante.

El Pueblo posee, como la mayoría de los grandes diarios, cuatro páginas de gran tamaño. Es matutino y aparece todos los días, incluido el lunes en sus comienzos, con licencia eclesiástica, ya que esto implica la transgresión del descanso dominical. Se estima que su tirada inicial era muy importante, comparada con los otros diarios de circulación nacional como La Nación y La Prensa. Entre sus secciones, había una titulada Círculo de Obreros, en la que se describe la rica actividad que llevaban a cabo los círculos de todo el país.

El diario El Pueblo cumple un papel destacado al dedicar una sección especial a los Círculos de Obreros e informar sobre horarios, lugares de reunión, programas, posibilidades de acceso, constituyéndose así en promotores y aliados indispensables de la  difusión de este aspecto de la vida de los Círculos.

El 22 de julio de 1960 sale a la calle el último número de este diario.

La publicación de las conferencias del Padre Grote constituye un elemento doctrinal importante de este medio, ya que a través de su publicación difunde el pensamiento de uno de los principales representantes del apostolado social de la Iglesia en la Argentina. 

 

Sus últimos años

Alejado de la dirección de los Círculos, Grote volcó sus energías apostólicas a otras manifestaciones con el mismo fervor, con la misma asombrosa capacidad de trabajo que mostrara en años anteriores. Y cada vez que pudo, ayudó a los Círculos.

Su escenario continuó siendo toda la República, que recorría en visitas misionales constantemente, al igual que los diversos departamentos de la República Oriental del Uruguay.

En 1914 se desempeña, por cerca de un año, en el cargo de superior de la diminuta comunidad boliviana de Tupiza, y después en Salta ejerce el rectorado de la comunidad de San Alfonso (1918 a 1921).

En 1923, el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Mariano Antonio Espinosa, que estaba muy mal de salud, requirió la presencia de Grote y le dijo: "¡Cuánto siento haber dado ocasión a su dimisión de director espiritual de los Círculos de Obreros! No quería morirme sin expresarle esta pena."

No podía estar inactivo. La fascinación de la imprenta lo dominó hasta el fin. De ella nacían las frecuentes visitas a El Pueblo en cuya dirección pasaba mañanas y tardes enteras aplaudiendo, criticando o sugiriendo actuaciones y campañas. Ya octogenario, publicó obritas sobre la Divina Providencia y la Moral Sexual.

La juventud le atraía. Casi hasta el final siguió visitando los seminarios de Villa Devoto y La Plata y, sobre todo, el del propio Instituto de Bella Vista, en el que pidió fijar su residencia durante varias temporadas. Allá, entre los jóvenes, se sentía feliz recordando episodios de los viejos tiempos y confortando en la vocación a los futuros sacerdotes y misioneros.

La última batalla que se le atravesó fue la muerte. Sobrepuesto a la caída por una escalera de uno de los conventos redentoristas que le produjeron lesiones de importancia en la cabeza, de un posterior síncope que le produjo la hemorragia de una vena varicosa, de un ataque de apoplejía que sufre en enero de 1940 y le deja una depresión de sus facultades, el 27 de abril de ese año entra en coma y el martes 30 deja de respirar, ganando la última batalla: la de la muerte que enfrenta serenamente con algo más de 86 años.

 

Cartas manuscritas

Los archivos institucionales conservan con mucho respeto una importante cantidad de cartas autógrafas del P. Grote.

Al recorrerlas, conocemos cuántos momentos de incomprensión debió soportar por amor a la Iglesia, a la institución y a sus obreros.

Buenos Aires, 05 de Mayo de 1894

Autor: Federico Grote

Destinatario: Raus, Matias

[...] Por último, quisiera decir a V.P, algunas palabras sobre una nueva obra  fundada por nosotros para afianzar la actividad, que sin duda será para nuestra alegría. He fundado, a saber con permiso de los superiores y cálidas recomendaciones de nuestro santísimo Padre, la obra de los Círculos de Obreros Católicos. El primer círculo fundado en R. A. se llama "Círculo Central de Obreros", que hace grandes avances bajo la visible protección de Dios y de San José. Ya tenemos dos escuelas propias, una banda de música integrada por sólo obreros,  y un servicio a los enfermos bien organizado y gratuito. Ahora tenemos la idea de fundar un centro para los miembros de nuestra asociación.

El domingo pasado hicimos una peregrinación con 700 hombres, en un tren especial, a la famosa y milagrosa imagen de la Madre de Dios en Luján, para agradecer a la querida Madre de Dios y a San José, a quienes confiamos tomen bajo su protección nuestra peregrinación. Todos los peregrinos llevaban una medalla plateada, acuñada para esa ocasión, con la imagen de la Madre de Dios en un lado, y en el otro, la de San José. Era grandioso para este país de tanta pobreza religiosa y rara vez visto un espectáculo semejante [...]

 

Aachen, 23 de agosto de 1897

Autor: Federico Grote

Destinatario: Reuss, Francisco Javier

[...] Las hermanas de Budapest ya me regalaron una linda estola bordada, que lleva en ambos extremos el blasón de los Círculos de Obreros Católicos de Argentina: una corona con el Divino Corazón con rayos dorados; y en el semicírculo, alrededor de la mitad, sobre nubes, con las palabras In Hoc Signum Vincit (Con este signo vencerás).

Cuando yo, sorprendido, les pregunté, quién les había dicho que ese es el blasón, me respondieron que ni lo sabían, y tampoco habían calculado que ese fuera el blasón: que se les ocurrió así.

V. R. puede imaginarse, que esa real "casualidad" me impactó fuertemente, y que yo veo en ello un nuevo signo de la divina Providencia y su amor hacia esa Obra. [...]

 

Resumen y extractos del libro "Vida del Padre Grote",

del R. P. Alfredo Sánchez Gamarra