Monseñor José Américo Orzali

De una gran sencillez, este sacerdote fue una figura destacadísima de la Iglesia argentina.
En la Pquia. Santa Lucía, de Barracas, organizó uno de los mejores Círculos de Obreros que se caracterizó por sus servicios sociales. Fue arzobispo de San Juan. Fue el fundador de las hermanas rosarinas, que conservan su casa generalicia en Barracas, quienes están presentes en muchos otros lugares del país. "Todo por Dios y por el prójimo" fue el lema que dejó a sus Hijas.
Él lo vivió plenamente, pues fue todo de Dios y de entera disposición al prójimo.
Párroco, Obispo, Fundador y Apóstol Social, extraordinario en el trabajo, dulce y paciente en su poderosa energía, tierno y comprensivo con las almas, exquisito en la puntualidad y en el orden, de confianza ciega en la Divina Providencia; amigo sincero de pobres y abandonados; largas horas de confesionario conquistaron muchas almas con su palabra siempre sencilla y asequible como el Evangelio que predicaba. Fue luz que iluminó porque su corazón fue hoguera encendida en amor divino; por eso fue, por sobre todo, verdadero Padre. La Fe y el Amor fueron secreto de su vida y el resorte de su fecunda actividad. Ya se ha iniciado la causa para su beatificación.
SU VIDA Y VOCACION:
José Américo Orzali nació en Buenos Aires el 13 de marzo de 1863. Sus padres fueron Tobías Orzali, arquitecto, y Teresa Nicoletti, toscanos llegados a la Argentina el año anterior. Fue bautizado el 15 de marzo en la Iglesia de San Nicolás de Bari; el 8 de diciembre recibió la Primera Comunión en la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Fue confirmado por Mons. Aneiros en 1872.
Inició sus estudios primarios en una escuela del Consejo Escolar I, para seguirlos en el Colegio Particular "Seminario del Plata". Contaba con sólo 14 años cuando ingresó en el Seminario de Buenos Aires.
Como secretario, en 1984 acompañó al Delegado Apostólico de la Santa Sede, Mons. Mattera, en su regreso a Roma, haciendo escala en Montevideo. Fue ordenado diácono en esta ciudad, el 30 de mayo de 1885. En la Capilla del Colegio Pío Latino Americano, Mons. Mattera le confirió la ordenación sacerdotal con especial dispensa por tener 22 años. Y aquí comenzó su fecundo apostolado al volver de Roma.
Con notable prudencia, dominio de sí mismo y dinamismo extraordinario brindó valiosísima ayuda en la epidemia del cólera que azotó a Buenos Aires. Sucesor de Mons. Espinosa en la Parroquia Santa Lucía (Barracas al Norte) expandió maravillosamente la inquietud de párroco misionero que lo impulsó siempre.
Los enfermos, los niños, los obreros y los pobres le atraían. Como vicepresidente, al lado del padre Grote, intervino en la fundación del "Círculo de Obreros". En 1891 fundó la Congregación de Hijas de María y en 1892 la Congregación de la Doctrina Cristiana. Estableció los ejercicios espirituales para hombres, y cuando tuvo un grupo de hombres piadosos, fundó la cofradía de San José y luego la Congregación del Santísimo Sacramento, que llegó a ser una de las más florecientes de la ciudad. Para los niños fundó dos asociaciones: la de San Luis para los varones y la de los Santos Ángeles para niñas.
La preocupación de Orzali fue enseñar catecismo a los niños. Todos los días recorría las escuelas, aguardando que terminaran las clases para poder entrar. Debió vencer la resistencia de los maestros, pero bien pronto la caridad, paciencia y espíritu de sacrificio del sacerdote, modificaron la cerrada actitud de los maestros.
Instituyó la práctica de las homilías de cinco minutos. En todas las misas, desde las cinco hasta las trece, en Santa Lucía se predicaba la palabra de Dios. Terminada la misa, salía al atrio a saludar a la gente, tomar contacto, y a preguntar por los enfermos y por los ancianos que no podían ir al templo. Desde el pulpito pedía que le indicaran dónde había enfermos. Luego, a la salida, solicitaba las direcciones. Y Orzali no dejaba enfermo sin visitar, fuera éste católico o no. A veces no iba tanto para visitar a los enfermos cuanto a tomar contacto con los sanos. Era todo: cura, teniente, sacristán, portero, acólito, etc.
En 1894 fundó un "Círculo" en Santa Lucía; la Rerum Novarum se concretaba en un Círculo que llegó a ser el mejor de la República, con 3.000 asociados. De su dinamismo brotaron: la Biblioteca, Escuela Nocturna para Adultos, Salón de Actos, Banda de Música, Asesoramiento Jurídico, Bolsa de Trabajo, Compañía de Seguros y Panteón.
En ningún momento rehuyó el trabajo y sorprendía por realizar funciones que cualquier otro párroco hubiera dispuesto que las hiciera el teniente o el personal de servicio. El ochenta por ciento de los mayorales del viejo tranvía "Ciudad de Buenos Aires" con sede en Barracas, fueron recomendados por él. Lo mismo los "boleteristas". Y su parroquia llegó a convertirse en una suerte de lugar obligado para aquellos que buscaban empleo.
En 1895 fundó el primer grupo de religiosas en su Parroquia, dándoles por santo y seña: "Ora et labora". La pobreza y la humildad reinaban en aquella vivienda. La única mesa que tenían era la del comedor del párroco, quien gustoso se había privado de ese mueble. Tenían una sola olla, un solo cucharón. "Sin embargo era tanto nuestra alegría que no hubiéramos cambiado nuestra pobreza por las comodidades presentes". Orzali remedió como pudo las necesidades más urgentes, desprendiéndose de sus muebles y utensilios. Sentía una gran satisfacción al pensar que tenía ya una escuela como él la había soñado. El 21 de enero de 1896, las primeras 12 religiosas, emitieron sus Votos en manos del Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Castellanos. El 29 de junio de 1931, Mons. Orzali tuvo el inmenso gozo de que Roma aprobara "ad experimentum" el Instituto, y el 21 de junio de 1938 exultó la Santa Sede le aprobó definitivamente. Sus hijas dan cristiana educación a millares de alumnos; atienden maternalmente a niñas en Hogares y son innumerables los enfermos que reciben asistencia y cariño en Hospitales. También sus religiosas atienden Centros de Misión.
En 1903, fue nombrado Capellán de la Fragata Sarmiento y acompañó al buque-Escuela en su cuarto viaje de 10 meses. El 25 de mayo de 1903 zarpaba la nave, en donde todos los domingos, a las 9, celebraba la misa sobre cubierta a la que asistía la oficialidad y la tripulación; en total, doscientos sesenta hombres. En privado, celebraba la misa todos los días siempre que el tiempo se lo permitiera. Orzali consiguió que el comandante le dejase dar clase diaria a la gente de la tropa analfabeta. Colaboraba con los demás jefes en las conferencias ilustrativas que se daban a bordo. Había fundado en la nave un periódico titulado "Sarmiento"; el médico Dr. Anchuitz y el padre Orzali fueron su director y redactor respectivamente. Luego, inició una compañía de teatro para amenizar los días de fiesta y acortar un poco las largas jornadas de la travesía. Él mismo se encargó de conseguir obras en los puertos donde anclaban.
El domingo 1o de julio de 1906, Orzali se despedía de su feligreses con una larga y emocionada plática en la que agradeció a todos los que en esos 16 años de trabajos le dieron siempre la mano para ayudarlo. Entonces se hizo cargo de la Parroquia de "San Miguel Arcángel", sin descuidar su Círculo de Obreros, sus Hijas Rosarinas y la atención espiritual de las Religiosas de la Casa Cuna, Instituto Frenopático, Casa de Alienadas y el Buen Pastor.
Preconizado en 1912, Obispo de Cuyo con jurisdicción en las provincias de San Luis, Mendoza, San Juan y Neuquén, fue consagrado en la Catedral de Buenos aires.
SUS ÚLTIMOS AÑOS DE VIDA
El 20 de abril de 1934, fecha en la que, con la bula "Nobilis Argentinae Nationis" de Pío XI, la diócesis de San Juan de Cuyo fue promovida al rango de arquidiócesis. Quien entonces era obispo, monseñor Orzali, se convirtió en el primer arzobispo de San Juan de Cuyo. En 1935 consagró a Mons. Verdaguer como Obispo de Mendoza y recibió él, de la Santa Sede, el palio de arzobispo Diocesano y los títulos de Asistente al Solio Pontificio y de Conde. Y llegó a sus Bodas de Oro Sacerdotales.
Poco después de celebrar sus Bodas de Plata Episcopales en 1937, Dios en sus paternales designios, puso sobre sus hombros, ya anciano, la cruz de la enfermedad, que él aceptó con alegría entregándose en manos del Padre, hasta que su preciosa alma se durmió en la paz del Señor el 8 de abril de 1939, rodeado de sus sacerdotes providencialmente reunidos en Ejercicios Espirituales y sus Hijas rosarinas que, con afecto, le prodigaron la ternura más exquisita de sus cuidados.
EL CÍRCULO DE OBREROS
El 2 de febrero de 1892 el Padre Federico Grote había fundado el primer Círculo Católico de Obreros en nuestro país. Orzali fue el primer párroco que se puso al lado de Grote para secundarlo en todo, y se desempeñó como Vicedirector de este Círculo. Todos los domingos, en sus homilías de cinco minutos, encontraba tiempo para invitar a los hombres a asociarse al flamante Círculo barraqueño. Primero consiguió un local adecuado, luego hubo necesidad de una biblioteca. Después instalaría en el Círculo una escuela nocturna para obreros.
Pronto tuvieron su salón de fiestas en Montes de Oca 974. Y comenzaron las solicitudes de alquiler o préstamos para diversas entidades. Orzali se preocupó para que los socios encontraran en el Círculo todo lo que necesitaba la familia: médico, farmacia, cooperativa, diversiones. Y consiguió un local para que pudieran hacer obras de teatro. El Cuadro Dramático de Santa Lucía -como se dio en llamar- llegó a representarse en Balvanera, Lomas de Zamora y Quilmes. Y junto con el Cuadro Dramático, la banda de música, integrada por los italianos que vivían en aquella zona de Barracas. Y se vio desde entonces en la tradicional procesión de Santa Lucía, junto a la Banda de Policía, la de la parroquia. Con la afluencia de hombres al local social, vino la necesidad de una confitería. Y se inició una que funcionó por varios años.
Médicos amigos de Orzali no titubearon en ofrecer sus servicios profesionales a bajo precio. Y el Hospital Italiano ofreció sus salas con rebajas para los socios de ese Círculo. Por otro lado, se logró conseguir primero una escuela nocturna para adultos, y luego otra diurna para los hijos de los obreros.
El Círculo tuvo su farmacia, su "botica" como le decían entonces. Los socios adquirían en ella medicinas a precios muy económicos. Más adelante un consultorio jurídico gratuito. Todo esto hacía que aumentara el número de socios.
Tres mil socios con sus respectivas familias, eran casi un pueblo.
En 1902 adquirieron el terreno para levantar su edificio propio. Se construyó luego el salón de actos, el edificio social de dos pisos y la Escuela "Santa Lucía" para los hijos de los socios