Monseñor Bartolomé Ayrolo

De una grandeza espiritual que invitaba a imitar,
el P. Ayrolo estuvo 30 años frente al curato de la Pquia.
Nuestra Señora de la Asunción de Avellaneda
actual sede de la Catedral de Avellaneda-Lanús,
que le ganaron legítimos méritos sociales y de piedad.
INTRODUCCIÓN
Sereno en sus expresiones, su andar y sus gestos, enseñaba en la cátedra, en la calle, en el templo y, fundamentalmente, con el ejemplo.
Fue brillante en la conducción de sus fieles, a quienes llegaba con una gran capacidad integradora, siendo para ellos un referente en diversas órdenes: como maestro espiritual, como defensor de la justicia y como claro exponente en la práctica de la caridad.
Recibió del Papa Pio XII una distinción especial por su importante labor social y como gran forjador de párrocos.
PRIMEROS PASOS
Bartolomé Ayrolo nació en San Vicente, Provincia de Buenos Aires en 1870. Hijo de una familia acaudalada eligió el camino más áspero como el más apto a sus inclinaciones. En su ciudad natal realizó sus estudios primarios, finalizados los cuales ingresó al Seminario Conciliar de Regina Martyrem de la Orden de la Compañía de Jesús. Se destacó de inmediato como estudiante aventajado y recibió sus órdenes sacerdotales en 1894 juntamente con Monseñor Miguel de Andrea y otras figuras destacadas de su época.
Mostró desde sus primeros momentos su espíritu batallador con energía sincera y constructiva. El entonces obispo de La Plata le designó teniente cura de la Pquia. de Quilmes. Funda el Círculo de Obreros de Quilmes diez días después de que el P. Grote fundara el Círculo de Obreros de Avellaneda, imitando esa iniciativa. Su juvenil pujanza y su desenvoltura lo destacaron del resto y muy pronto se lo designa cura párroco de Pergamino.
Con el tiempo, su actuación le abre puertas más amplias y es designado cura y vicario de Avellaneda, asumiendo el 1º de Marzo de 1908. Fue fundador del periódico "La Acción" el 1º de Abril de 1911 como órgano oficial de la Parroquia de esta ciudad, ejerciendo la atención del taller de impresión y la propia dirección del periódico, para el que destinaba interesantes artículos a través de los cuales realizaba su predicación escrita con un estilo que siempre le ganaba admiradores. Colaboró en órganos de publicidad de otras localidades como "Patria y Dios" de Quilmes, "La Semana" de Pergamino, "La voz del obrero" y otros periódicos vinculados al catolicismo del país y el extranjero.
Por la noche y aún al atardecer asistía a las reuniones de las asociaciones parroquiales, ya fueran de piedad o sociales, llegando a ejercer la Asesoría Espiritual de todas las que funcionaban en la parroquia. Asesoraba a los sacerdotes más jóvenes que lo secundaban y les imponía una disciplina tan vigorosa como llena de bondad; así fue formando una verdadera escuela de atletas del apostolado quienes fueron sus principales admiradores y amigos.
Pero si el P. Ayrolo actuaba meticuloso en la vida interior, donde se manifestaba grandioso era en la acción externa. En este aspecto procuraba atender a todas las manifestaciones de la ciudad a las que se sentía obligado a servir. Para él no existían ambientes desconocidos y su postura era siempre el comentario elogioso de su población, siempre encontraba las soluciones más sencillas a los problemas más arduos. Se le encontraba siempre con la mano tendida hacia los más necesitados y no perdía ocasión de solicitar ayuda para ellos.
EL CÍRCULO CATÓLICO DE OBREROS Y LA SOCIEDAD LA CRUZ DE OBRERAS
En un largo período su acción exterior estuvo dedicada a la vida de dos instituciones de carácter social, el Círculo Católico de Obreros y la Cruz de Obreras, las que contando con su poderoso influjo fueron adoptando la postura que les correspondía en el concierto de su propia acción. En mérito de su agudeza y persistencia se concretó la nueva casa del Círculo de Obreros de Avellaneda en la calle French, que hoy posee la institución.
Su acción dentro de este Círculo tuvo una gravitación decisiva. Asesoró por muchos años a los dirigentes y formó nuevos integrantes que supieran enfrentar las mayores dificultades sin claudicaciones.
Recordemos que por entonces la semilla del Padre Federico Grote, iluminada por la Rerum Novarum, hizo que los Círculos fueran la primera institución que saliera a la calle a ventilar los grandes problemas sociales de la época de una doctrina bastante desconocida en el pueblo, y en contraposición con las miras socialistas que eran agilizadas por el impulso de sus pioneros.
Para constituir a la vez una fuerza femenina fundó en 1909 la Sociedad La Cruz de Obreras, cuyas finalidades y gestiones depositara en un grupo de muchachas que trabajaban en los establecimientos fabriles de la ya populosa ciudad, organización que serviría de eficaz ayuda moral y física a las mujeres que trabajan fuera del hogar.
Esta Sociedad tuvo significado de avanzada en pro de las instituciones obreras. En unión de objetivos con la Federación de las Empleadas Católicas de la Capital, fundada y dirigida por su amigo, monseñor De Andrea, la Cruz de Obreras obtuvo su bautizo y su prestigio cuando salió a la calle en defensa de legítimos derechos.
El 1º de Marzo de 1910 logra instalar el Colegio María Auxiliadora para beneficio especial de las jóvenes que trabajan en las fábricas. En 1914 inicia las clases diurnas y nocturnas para obreras a cargo de Hermanas en el edificio que actualmente ocupa el Pequeño Cottolengo de Avellaneda. En 1915 extendió su acción a los barrios suburbanos oficiando su primer misa en Dock Sud, haciendo lo mismo en Villa Domínico y Sarandí.
UNA CRUZADA HUMANA
El P. Ayrolo vivía siempre en contacto con su gente y así recorría de continuo sus barrios, sus calles, para encontrar a su paso una herida que curar o un problema para solucionar.
En 1911 la ciudad fue sorprendida por una gran inundación que azotó los parajes bajos muy poblados de familias humildes. La acción no se hizo esperar y el P. Ayrolo consiguió que las autoridades municipales designaran una comisión especial de socorro para aliviar los males climáticos: fue designado presidente de esa comisión y con algunos sacerdotes y la colaboración de hombres bien intencionados asistió a los afligidos y castigados pobladores.
Cuando las aguas bajaron, el accionar del P. Ayrolo inundó los comentarios de toda la ciudad para quien sin arredrarse había tenido una actuación tan preponderante. Los que estuvieron en esas jornadas cuentan que no llegó a saberse con exactitud la cantidad de bautizos que se concretaron y cuántos los matrimonios que se legalizaron ante Dios y ante la ley.
PREOCUPACIONES PARROQUIALES
El P. Ayrolo vio el rápido crecimiento que estaba teniendo el partido de Avellaneda y decidió crear nuevas parroquias y capillas en los lugares más alejados del partido, ya que él entendía que la Iglesia debía acercar sus medios a las personas que debían realizar largas travesías para ponerse en contacto con Dios.
Apoyó con entusiasmo a una comisión creada en Lanas para la instauración de la parroquia de Cristo Rey, participó en la creación de la Capilla San Antonio de Villa Echenagucía, la Capilla del Hospital Fiorito y la Capilla de Dock Sud.
En 1917 comienza en Sarandí una Misión dispuesta por el P. Ayrolo y en 1918 se designa una Comisión Pro Templo que continuó hasta el año 1922. A comienzos de 1924 se activan las gestiones para obtener la donación de un terreno para levantar la capilla Nuestra Señora de Luján, en Sarandí, ya ese mismo año Monseñor Alberdi bendice la piedra fundamental, siendo padrinos, entre otros, el intendente de Avellaneda, señor Alberto Barceló y su señora, doña Mariana Boloque de Barceló.
El P. Ayrolo siempre trataba de contribuir en la construcción de centros de educación cristiana. En los últimos años de su vida tuvo la fortuna de ver erigir una capilla dedicada a Santa Teresita del Niño Jesús y que es hoy la Parroquia del Barrio de Entre vías.
Cada una de estas parroquias demandó grandes esfuerzos, cuando no grandes sacrificios. Él explicaba el motivo de su gran dedicación así: "son para crear el espíritu de la Iglesia, lo demás es fácil", aún cuando los medios económicos fueran reducidos.
FINAL DE UN GRANDE
Toda la dinámica desarrollada a lo largo de muchos años, ese continuo ajetreo y su afán de no descuidar las obligaciones para las que se había comprometido, fueron minando su organismo y su resentida salud le obligó a largos paréntesis cuando ya había transpuesto los veinte años de párroco. El obispado se vio obligado a designar a Monseñor Tumini, cura párroco suplente para que lo sustituyera en su retiro. Los últimos cinco años de su vida hubo de resignar sus funciones en forma casi terminante y a poco Dios le exigió un nuevo sacrificio postrándole en una silla de ruedas.
Muchas fueron las ocasiones en que el obispado le ofreció funciones de jerarquía en el Cabildo Eclesiástico de La Plata, más él las declinó argumentando el cariño por su parroquia de Avellaneda
Antigua Catedral de Avellaneda
Mediante la intervención del entonces Obispo de La Plata, Monseñor Chimento - que había desempeñado funciones de teniente-cura en la Parroquia a las órdenes del P. Ayrolo - se le nombró Prelado Doméstico de Su Santidad con el trato de Monseñor. En silla de ruedas recibe con este título los votos más calurosos de toda la feligresía y del Partido de Avellaneda, como un anticipo al adiós que ya se avecinaba.
El 10 de abril de 1943, a los 73 años, un reducido grupo de amigos y discípulos asistieron a su último suspiro en que entrega su alma a Dios.
La memoria de su recuerdo, que aún perdura, es un destacado y querido ejemplo de un hombre cuya trayectoria quedará grabada en el corazón de muchos hombres de la ciudad de Avellaneda, que recibió de tan insigne sacerdote las pruebas más elocuentes de sus condiciones de hombre de bien y de sacerdote dedicado enteramente a defender y comunicar los altos intereses de la Iglesia de Cristo, quien contó con Bartolomé Ayrolo de un verdadero apóstol en el más amplio sentido de la palabra.